19.1.18

HUGO YUEN: PALABRAS DE AGRADECIMIENTO POR LA ENTREGA DEL PREMIO COPÉ DE NOVELA 2017

Escritor Hugo Yuen Cárdenas, en plena ceremonia de premiación del premio COPÉ de Novela 2017.

John Updike, el escritor norteamericano que me cautivó cuando recién me iniciaba en la literatura y cuya prosa me ha acompañado durante todas estas décadas de hibernación novelística, dijo en una entrevista hace ya mucho, mucho tiempo, que cuando él escribía, apuntaba su mente hacia un punto vago, un poco hacia el este de Kansas, y pensaba en los libros de los estantes de una biblioteca de provincia, libros antiguos todos ellos, libros sin sus forros, desprovistos de sus cubiertas, y a un muchacho husmeando entre ellos y encontrándolos de casualidad y dialogando, a través de la lectura, con sus autores. Ese joven de provincia era, obviamente, el propio Updike.

Durante tres décadas, a mi manera, también he tratado de mantenerme fiel a los ideales de mi propio y juvenil yo, y con él, a los valores, a los ideales, a los sueños de ese muchacho que se ha esmerado por no morir dentro de mí en el intento.

Recuerdo hoy las visitas quincenales a la casa del filósofo y poeta Edgar Guzmán, con quien conversaba tardes enteras de literatura siendo apenas un adolescente. Recuerdo que en esas reuniones leía su poesía inédita y lo animaba a publicar su libro, y él, a su vez, comentaba y corregía mis textos de escritor bisoño. Recuerdo que terminábamos la jornada ya de noche, cuando compartía la cena con su familia y me iba a casa con un paquete de 6 a 8 libros que devoraba como un obseso en las siguientes dos semanas, hasta la siguiente reunión.

Recuerdo también que por esa época, escuché en un bar de la Plaza de Armas de Arequipa la historia de un muchacho de clase media de mi generación que había viajado al pueblo de Laberinto, en Madre de Dios, para hacerse minero, en busca de oro. La anécdota me cautivó y desde un inicio supe que algún día escribiría una novela en base a esa historia.

Durante 30 años, cada vez que escuchaba o leía alguna noticia de los lavaderos de oro de Madre de Dios, literalmente paraba las orejas, recortaba la noticia, garrapateaba en alguna hoja con mano presurosa la información que acababa de oír, o hacía lo indecible por hacerme del documento en cuestión.

Para que tengan una idea de los preocupantes rasgos de mi obsesión, basta decir que grabé y luego transcribí cerca de 8 casetes de 60 minutos cada uno, con entrevistas a personas que habían estado trabajando de mineros en Madre de Dios, y me leí varias veces una insufrible tesis de sociología de la Universidad Nacional de San Agustín sobre la incidencia de la leishmaniasis en los mineros de Madre de Dios y sus repercusiones en Puno y Arequipa.

En ese lapso, gané un premio de cuento en España, varios de poesía en Arequipa, fui finalista del Copé de Poesía el 2005 y gané el Premio Javier Heraud de poesía dos años después. Como quien dice, tuve varios amores, pero no lograba encontrarme con la novela de mis desvelos y veía, mientras tanto, que me hacía viejo sin cumplir mi añorado sueño. A este ritmo, si algún día gano un premio de novela, será un premio póstumo, me decía, con ironía.

Y ello, en parte, porque el quehacer diario para vivir y cumplir con mis obligaciones familiares absorbían mis esfuerzos cotidianos. Así fue hasta que en diciembre del 2012, mientras trabajaba como asesor principal de un despacho en el Congreso de la República, tomé la decisión: Había ahorrado algún dinero que me permitiría hacer un viaje de estudio a los lavaderos de oro de Puerto Maldonado, y lo haría sin esperar ya más tiempo. Pero, para ello, debía renunciar a la seguridad económica que me daba el Congreso, y eso hice, para estupor de mi familia.

Justo antes del viaje a Madre de Dios, participé en un taller de novela que impartía Jorge Eduardo Benavides; le conté mi proyecto y Jorge se entusiasmó con la idea, ofreciéndose a acompañarme en el intento en calidad de primer lector y cicerone novelístico durante el proceso de creación. Así fue como empezó todo.

Viajé, en efecto, a Madre de Dios, en el verano del 2013, conseguí un contacto entre los ecologistas de Puerto Maldonado que, de arranque, me metió miedo haciéndome pensar que el viaje había sido en vano. Era imposible ir a los lavaderos de oro, entrevistar a la gente o tomar fotografías, me dijo, sin riesgo de ser baleado y enterrado en el lugar sin dejar siquiera rastro de haber pasado por ahí. El lugar donde quería ir era tierra de nadie y cualquier intento de entrevistar a los oreros de la selva, un disparate, fue su lapidaria conclusión.

Luego de cavilar durante varias horas, mientras caminaba sin rumbo por las calles de Puerto Maldonado, y luego, sentado a la mesa de un restaurantito, mientras se caía el cielo en medio de un diluvio bíblico que no hacía sino acentuar el bochorno selvático, decidí que mi viaje no era una idea disparatada ni mucho menos, y que lo que había pasado, era que me había equivocado de contacto.

Ciertamente, no debí solicitar apoyo a los ecologistas de Madre de Dios, sino a quienes estaban más bien del lado de los mineros informales. Encontré entonces a un periodista radial que respaldaba a los oreros de la selva, sin importarle que contaminaran los ríos con el cianuro y el mercurio que usaban para amalgamar el oro, o que depredaran la selva virgen con las dragas del fin del mundo que succionaban el légamo fértil de los playones edénicos hasta convertirlos en verdaderos orcos de la muerte.

Le pagué al tipo ese por sus servicios y me la jugué por entero, viajando con él en un peque-peque por los ríos Inambari y Madre de Dios, hasta el pueblo de Laberinto y luego hasta el campamento de Tres Islas, donde me presentó como si fuera un familiar suyo llegado de Lima a toda esa cáfila de mineros roseros, que me abrieron en el acto las puertas de su campamento, ofreciéndome, con ello, también su amistad y su confianza.

El tiempo que estuve entre ellos, los oreros de Tres Islas me hicieron participar de las jornadas de extracción del oro con las dragas, me permitieron almorzar con ellos en el campamento, emborracharnos juntos con cervezas calientes como una sopa, mientras pesaban y se repartían el oro que salía decantado del atanor, mientras el mercurio se volatilizaba y era respirado por todos nosotros en medio del bochorno de esa selva que todo lo invade y que todo lo pervade.

Con las fotografías y cuadernos repletos de las anotaciones de ese viaje, regresé casi delirando de entusiasmo a Lima, provisto de la experiencia necesaria para empezar a escribir la novela.

Calculé que la historia debía concluirse en tres años, pero se escribió casi de un tirón, en sesiones de dos por semana, en un lapso de año y medio. En total, en alrededor de 156 jornadas de trabajo.

Sin embargo, no fue tan sencillo como parece a simple vista. La historia, que debía circunscribirse a las aventuras de un joven en busca de oro en la década de los 80, se fue enriqueciendo y adquiriendo una estructura cada vez más compleja.

Además, a medida que escribía y escribía, seguía investigando y leyendo todo libro que encontraba referido a Madre de Dios. Así, me topé con los libros de los dominicos y sus misiones evangelizadoras en favor de las tribus de los Machiguengas, los Ese Eja, los Arawak, los Harakmbut y tantas otras etnias que pueblan las comarcas de Madre de Dios, Urubamba y Purús. Mención especial merecen los libros del Padre José Álvarez Fernández, más conocido como el “Apaktone”, o padrecito viejo, en el lenguaje de los Mashcos mata gente.

Las historias que involucra la novela se fueron multiplicando y dilatando en el tiempo, al punto que llegaron a abarcar cinco siglos. Se remontan, así, al siglo XVI y llegan hasta fines del siglo XX. Los personajes, como es obvio, también se multiplicaron como moscas y empezaron a caminar sin sentido, como locos, como las hormiguitas ma-kua-ay de la selva, por los recovecos de mi cabeza, atestada por la trápala de chunchitos, shiringueros y oreros de todos los tiempos.

En un momento de la redacción, sentí la necesidad de introducir escenas fantásticas en el lenguaje coloquial y desquiciante de los personajes que se atiborraban en las páginas del libro y que pugnaban por hablar, cada uno con voz propia. Y, sin saber cómo ni por dónde, la novela terminó siendo tributaria del realismo mágico y del lenguaje coloquial propio de la literatura caribeña.

Fiel a las enseñanzas de filosofía y literatura de mi maestro Edgar Guzmán, no pude tampoco sustraerme a la imperiosa necesidad de introducir guiños literarios y filosóficos en la historia. Y, por si fuera poco, como en algunos casos empleé la técnica de la escritura automática para reproducir el fluir de la conciencia de algunos personajes desquiciados por la soledad y el mercurio, —que había contaminado no solo sus mentes sino también la mía—, de pronto descubrí que la poesía se había infiltrado en más de un pasaje del libro, con el uso adicional de arcaísmos, refranes oídos en boca de mis abuelos, y la jerigonza perulera propia de los oreros de la selva de Madre de Dios del alma mía.

Al final, mal que bien, di por terminado el libro. El resultado final me agradaba, pero me asustaba al mismo tiempo. Sentía que había escrito la novela con el corazón y también con las tripas y, en más de un pasaje, incluso con el fundillo del pantalón. Pero, ¿y si lo que había hecho era un arroz con mango?, me decía. ¿Y si la novela no dejaba de ser un tremendo disparate?, me autoflagelaba con tribulaciones de ese tipo.

Jorge Eduardo Benavides no dejaba de elogiar el trabajo. Lo mismo hacían Mercedes Carrillo (coordinadora parlamentaria y compañera de trabajo del Jurado Nacional de Elecciones), al igual que mis hijos, mis padres, mi esposa, y también Lucho Cornejo, un viejo y buen amigo que soportó estoicamente durante año y medio mis monólogos monotemáticos sobre la novela y sus personajes, mientras tomábamos café tras café en el Haití de Miraflores. Dicho sea de paso, en algún descuido mío, Lucho se metió en la novela y se convirtió en minero, para ser el popular “Luchifer” de la historia.

Sin embargo, pese a todos esos comentarios, yo era inmune a los elogios. No me los creía. En cambio, a la menor crítica, sentía que todas mis dudas se confirmaban y que había perdido año y medio escribiendo un libro fallido. Que la novela era un reverendo fiasco.

Wilber Bustamante, actual Presidente de la Corte Superior de Justicia del Cusco y viejo amigo de la universidad, se dio el trabajo de leer todo el libro y me llamó una mañana de sábado para elogiar la novela y recomendarme que la presentara a un premio de literatura. Lo mismo hizo mi amigo de colegio, universidad y de toda la vida, el doctor Gorki Gonzales, quien, con toda la autoridad que le han dado los largos años en la docencia universitaria en la Pontificia Universidad Católica del Perú, insistía en su calidad literaria.

Así que eso hice. Presenté el libro de marras al prestigioso Premio Copé de Novela. Total, me dije, si perdía, todavía podía decir a todos los amigos que nunca había perdido tanto dinero junto.

No obstante, en los últimos meses, algo empezó a suceder. “Están pasando cosas”, diría un periodista deportivo local. Y es que me enteré que el Papa Francisco llegaba al Perú y que uno de los lugares que visitaría sería la selva de Madre de Dios. De inmediato recordé que el Padre Apaktone, que también se había infiltrado como personaje de mi novela, estaba en proceso de beatificación en el Vaticano desde hacía ya bastante tiempo. “Están pasando cosas”, dije para mis adentros, y una tenue luz de esperanza iluminó mi rostro.

“Si ha de pasar algo con este libro, tiene que ser ahora”, me dije a mí mismo, y —permítanme esta licencia poética—, con la inconsistencia propia de un agnóstico confeso que se encomienda a la memoria de un cura dominico en proceso de beatificación (del cual ha novelado en casi 300 páginas), habiendo visitado incluso su tumba en el jardín del convento donde reposan sus secos huesos, supe por fin que, si la novela ganaba el Copé de Oro, la mano bendita del curita Apaktone tendría que estar de por medio en ese hecho. Y hoy que hablo ante ustedes, tengan la certeza de que, en efecto, pienso que fue así.

Por todo eso, quiero terminar diciendo muchas gracias al Jurado del Premio, muchas gracias a Petroperú, muchas gracias a mi compinche, el padre Apaktone, y muchas, muchas gracias a todos ustedes.

Hugo Yuen Cárdenas
Diciembre 6, de 2017

16.1.18

DISCURSO DE ERNESTO CARRIÓN AL RECIBIR EL PREMIO DE NOVELA LIPP 2017


Gracias México. Gracias a los organizadores del Premio Lipp, a este valioso esfuerzo por reproducir el Premio Lipp de París. Gracias a los miembros del jurado, todos ellos escritores de una trayectoria sumamente valiosa. Me sorprende haber ganado con una historia prácticamente local, de Guayaquil. Lo que ha sido como premiar a Guayaquil. Gracias a Cascahuesos, a su editor José Córdova, a ese gesto Literario de hermanar Perú y Ecuador que quedará ahora registrado para la posteridad con este premio. Quiero mencionar que para escribir hay que tener creatividad pero más que nada hay que tener libertad. Me refiero a una absoluta libertad creativa. Este premio se lo dedico a los jóvenes escritores del Ecuador, a los que están escribiendo ahora y a los que empezaran mañana, a los que sienten miedo de hacerlo, y temen a la rigurosidad fingida de sus maestros en él aula universitaria, a los que no pueden ver la libertad que implica escribir, la responsabilidad que es vivir para hacerlo, el miedo de hacer de esto un porvenir, el juego de jugárselas para reír a solas. Se los dedico a ustedes para que escriban con libertad absoluta, para que cierren los ojos, los oídos y sus corazones a los académicos canónicos, a los que pretenden vender los esquemas de cómo se hace una novela, de cómo se escribe un poema, de cómo se lee apropiadamente. Escriban con furia y con amor; estréllense contra la vida por las calles y luego regresen a escribir a sus casas. Y no se maten nunca, porque para matarse una y mil veces está la página en blanco.

5.11.15

LANZAMIENTO DE LA NOVELA "CEMENTERIO EN LA LUNA" DE ERNESTO CARRIÓN


Estimados amigos:

Les comparto la invitación para la presentación de mi novela Cementerio en la luna, que tendrá lugar el próximo martes 10 de noviembre del presente.

Ojalá puedan acompañarme.

Un abrazo,

Ernesto

22.6.15

BASES DEL PREMIO NACIONAL DE POESÍA DESEMBARCO 2015‏


1. Podrán participar los escritores ecuatorianos de hasta 30 años de edad, a la fecha del cierre de esta convocatoria, en la categoría de poesía.

2. Deberá enviarse un libro de poesía inédito, o de poemas inéditos, con libertad de tema y forma, en castellano, con la extensión mínima de 40 cuartillas y la máxima de 120 cuartillas (páginas), en un archivo adjunto en pdf., con un tipo de letra Times New Roman (12 puntos) o Arial (12 puntos). Las páginas estarán numeradas.

3. Las obras se enviarán por e-mail a la siguiente dirección: premiodesembarco@gmail.com, siempre que en la dirección del remitente no figure el nombre del autor ni ninguna señal que permita identificarlo. La organización se pondrá en contacto con el autor, de resultar ganador, por e-mail, para que nos proporcione su identidad y los datos necesarios.

4. El libro concursante deberá ser inédito, no haber sido premiado con anterioridad o estar participando paralelamente en otro concurso, ni encontrarse sometido a proceso de dictamen editorial.

5. El plazo de admisión de los libros finalizará el 10 de septiembre de 2015.

6. El ganador verá publicado su libro por Rastro de la Iguana ediciones, con un tiraje de 1000 ejemplares del que recibirá 200 ejemplares. El autor premiado será invitado a presentar el libro ganador dentro de la programación del Festival Desembarco Poético en Guayaquil, durante el mes de octubre de 2015.

7. Un jurado internacional compuesto por poetas o escritores y editores de reconocido prestigio, cuyos nombres se harán públicos en el momento del fallo, resolverá cuantas incidencias pudieran surgir en el curso de sus deliberaciones sobre los libros seleccionados, y su fallo, que será inapelable, tendrá lugar la primera semana del mes de octubre de 2015. De así considerarlo el jurado otorgará una o dos menciones de honor.

8. No podrá declararse desierto el premio. Y el fallo oficial se publicará en las páginas del Festival Desembarco Poético en Guayaquil (www.festivaldesembarcopoetico.com) y de la Universidad de las Artes (http://www.uartes.edu.ec).

16.3.15

SOPOR: UN CUENTO DE LUIS FELIPE JARA


A Luis Felipe Jara lo conocí hace ya varios años, allá por el 2000-2001, cuando aún se deslizaba en el pequeño patio de la Escuela de Literatura en la UNSA. Fue Áxel Porras quién me lo presentó y horas después, esa misma tarde, terminamos bebiendo unas cervezas en el ya entrañable bar “La Piscina” del ahora enrejado parque universitario. Tiempo después, Felipe decidió abandonar los estudios y dedicarse a construir juguetes de madera los cuáles los vendía en el by pass de la Av. Ejército. Luego despareció y volvió a aparecer conduciendo una moto por aquí y por allá. Siempre estuve al tanto de su creación cuentística, y aunque ahora niega que siga en el ejercicio, de él (alias Pepino caracol) tengo guardados una colección de cuatro excelentes cuentos. Y aquí va uno de ellos. Espero no me demande por publicarlo.


SOPOR

Pero quizá sólo tengo que volver, para poder encontrarla de nuevo en el sopor extenuante en el que se sumerge la ciudad a eso de las dos de la tarde, cuando el sol, en plena intensidad, reflejándose en los edificios de sillar, hacía que al mirarnos nos invadiera esa melancolía de juventud, la sensación de lejanía y cómplice soledad. Quizá sólo regresando pueda volver a ser el estudiante de literatura que trabajaba por las mañanas mezclando azufre y carbón en el taller pirotécnico de mi tío, para ganar esos soles con los que sonriente la esperaba a la salida de la escuela de arte Baca Flor, rezando porque ella tuviera ganas de zambullirse conmigo en el calor soporífero de la calle, y terminar la tarde en un café presumiéndole de que yo sólo tendría que escribir un cuento para ser un escritor, y hasta famoso, por un día.

Pero tiene que estar relacionado con las tradiciones y leyendas de Arequipa, así lo estipulan las bases —le explicaba, y ella sonreía. ¡Cómo sonreía!

Y porqué no escribes sobre el palo seco que está en Santa Catalina, plantado por Sor Ana de los Ángeles, del que dicen que cuando florezca, pum, se acaba la ciudad para siempre.

No, qué feo, ¿no tienes otras ideas?

Ah, ya sé, escribe sobre la Mónica, la muerta esa, que vive en el cementerio y que sale de noche para llevarse a los chicos.

No, ¿estás loca?, ¡qué miedo! ¿Y si se enoja y... me lleva?

No, tarado, sólo se lleva a los chicos guapos volvía a sonreír—.Todos los poetas, son unos tarados, y han tejido notas para regalarme la marcha nupcial”, —cantaba.

Y tú, pretenciosa, guardas tus azahares para regalarte a los forasteros que están por llegar”, —le respondía, muerto de risa.

Y luego, nunca después de medianoche, vueltas y más vueltas por el cementerio general (en la moto recontramisia que me vendió mi primo), para encontrar tema de composición literaria, claro; pero no tantas vueltas porque daba miedo. Esas noches imaginaba que acompañado por Carmen Luisa, así se llamaba, no sentiría el mínimo temor, sintiendo sus manos rodeando mi pancita y apretándome cada vez que la moto describiera una curva, yo hubiese recorrido las inmediaciones del cementerio pasada la medianoche, y aún más, hubiese entrado, de su mano, claro; hasta dar con esa condenada, condenada Mónica, para hacerle, eso sí, una entrevista sensacional que me diera tema suficiente para ganar el concurso de cuentos y ser un escritor de verdad, aunque sea por un día, para ella, para Carmen.

Esperar a ver mi cuento publicado en el diario, y esperar a tener suficientes soles, y esperar a no tener ganas de ir una tarde a la universidad, y esperar, aún más, a que a Carmen le diera la gana de pasarse la tarde sin almorzar en su casa, para pasarla conversando conmigo, vagando por la ciudad. Porque ella estudiaba arte: pintura, escultura, esas cositas —no sé si ya se los dije. Yo estudiaba literatura —eso sí ya se los dije, ¿verdad?—. Porque una ciudad con pretensiones turísticas requería personajes pintorescos, y personajes más pintorescos aún, dispuestos a pintarlos. Y en las mañanas yo trabajaba en el taller pirotécnico de mi tío —eso sí ya se los dije, estoy seguro. Pero no ganaba mucho, pues eran tiempos malos en que los fuegos pirotécnicos se devaluaron a más no poder, y a los artesanos que los hacíamos se nos miraba como a bestias irresponsables; porque una noche de catorce de agosto una bombarda dio con un cable de alta tensión en el Puente Grau, y los arequipeños, no me quiero acordar, celebramos nuestro aniversario con más de una treintena de involuntarios sacrificios humanos. La culpa… de los pirotécnicos. Pero fue sin querer… Digo, ¿no?

Y los días que pasaban… Y el tiempo, barrendero de ilusiones (ay, qué bonito), nos bombardeaba con ráfagas de ausencia.

Y, riiinggg…

Buenas tardes, me haría el favor de comunicarme con Carmen.

La señorita Carmen Luisa no está, ha salido con el joven Pedrito.

¿Pedrito…? ¿Ah, sí…?; y, ¿quién es ese huevón?

Riiinggg…

Buenas tardes, me haría el favor de comunicarme con Carmen.

Mira, chico, Carmencita no está, y ya sé que eres tú el que llama para decir groserías. Haz el favor de no volver a llamar.

No, señora… se equivoca… ¿groserías, yo? Pero si yo nunca digo groserías… tal vez fue… Pedrito… Sí, ese Pedrito, ese huevón.

Porque recién ahora he entendido que los mitos y misterios de Arequipa, son los mismos mitos y misterios de cualquier otra ciudad, y que no hay cosa más mitológica ni más misteriosa que el amor, y que esas mismas Mónicas y las mismas Carmencitas, en Arequipa y en la China, se seguirán repitiendo en todos los idiomas, en todas las latitudes y en todos los tiempos, en una cruzada despiadada y vertiginosa que terminará por enloquecer de amor a todos los tarados de este planeta.

Pues en realidad, yo la conocía y la quería desde que teníamos trece años, por la más sólida e irrefutable razón que se puede articular en lenguaje mistiano: Porque sí. Y ella nunca me aceptó formalmente por una razón análoga. Y es que ¡Maldita sea! Qué culpa tendría yo de que mi nacionalísimo colegio: El poderoso, glorioso, antisísmico y dos veces campeón nacional de fútbol, Honorio Delgado Espinoza, quedara justo frente a su muy privado, primoroso y rosado colegio, Sagrado Corazón Sophianum.

…Más de una noche, desde los barandales del café del búho, vimos a la luna esconderse detrás de una de las torres de la catedral; torre que según los noticieros fue derrumbada por el último terremoto, pero eso tiene que ser falso: porque una torre (y todavía con campanas), detrás de la que se ocultaba la luna, no puede ser traída abajo por un terremotito, al menos yo no lo creo. Tal vez se trata de una exageración de algunos periodistas celosos que quieren ahuyentar de Arequipa “a los forasteros que están por llegar”; porque no había cosa mas chocante que escaparme de la UNSA, para ver a Carmencita, recorrer la calle Mercaderes en un estado cercano al sonambulismo rumbo a la escuela de arte Carlos Baca Flor, y encontrarla en las graditas de mármol de la Catedral “practicando su inglés” con unos gringos sonrientes y colorados que no hacían caso de mi xenofóbica cara (¡qué cólera!), y me extendían sus blancas y peludas manos gritándome: “¡Hola amigo!”. Pobres turistas, que seguramente imaginaban que yo, además de no entender ni jota de inglés, era sordo.

Carmencita, qué acaso en tu casa no te han enseñado a no hablar con extraños, carajo!

Pero lo decía de puro picón, porque en realidad, los gringos eran muy simpáticos… Pero yo no quería gritar ni decir palabrotas… Yo sólo quería que ella viera mi nombre en letras de molde; pero por más vueltas que le di al cementerio general nunca encontré a la Mónica esa y, naturalmente, jamás escribí el cuento aquel. Y abandoné la carrera de literatura el día en que Carmen Luisa me hizo ver que la literatura no servía para nada, devolviéndome mis veintisiete cartas en sus sobre originales, y sin abrir. Pero lo hizo por “ahorrarme la vergüenza”, pues según le dijo su mamá: “Los huérfanos sin herencia, que se ganan la vida haciendo fuegos de artificio, nunca han sido buenos escritores”. Pobre criatura. Y decidí abandonar Arequipa la noche que el vigilante de su cuadra me contó: “que el papá de la señorita Carmencita la había sacado de la escuela de arte para mandarla a Argentina a estudiar una carrera de verdad”. Y también se la llevó, creo yo, porque el viejo ya estaba harto de los cholos feos que tocaban el timbre de su casa con cara de conejos asustados, impresionados por la placa que ostentaba cuatro apellidos peninsulares, y preguntaban con voz cavernosa: “¿Está Carmencita?”. Fue cuando las calles del centro de la ciudad, a eso de las dos de la tarde, se me hicieron realmente insoportables y entonces me asaltó la triste certidumbre de que en mi propia ciudad ya nunca sería feliz.

Pero quizás sólo tengo que volver, para recuperar mi juventud perdida, para tener nuevamente diecinueve años, volver a empaquetar pólvora en el taller de mi tío, encontrar el tema relacionado con las tradiciones, leyendas y misterios de Arequipa, reencontrar a Carmencita, llevarla al café del búho y, ahí mismo, ponerme a escribir un cuento para ella: “Había una vez, en una ciudad de fábula con habitantes de pesadilla, un aprendiz de poeta que…”.

Pepino Caracol

1.10.14

UNA ANÉCDOTA DE JUAN CRISTÓBAL SOBRE AL GRAN POETA PERUANO ALBERTO HIDALGO

El gran vate, sonriente, al lado izquierdo.

ALBERTO HIDALGO


Alberto Hidalgo. Con quién no se peleó el arequipeño. Se metió con todos, no respetó a nadie. Se manejaba un ego descomunal que lo llevó a postularse al Premio Nobel de Literatura. En una oportunidad en que estuve de visita en la casa del poeta Arturo Corcuera, en Santa Inés, me contó que allá por inicios de los sesenta llegó desde la Argentina, donde estaba afincado, el poeta Hidalgo. Por esos años Corcuera tenía un carro que bautizó con el nombre de Platero, en él llevó de paseo a Hidalgo hasta el balneario de Ancón (territorio exclusivo de las clases más pudientes); por iniciativa del arequipeño se bajaron del carro y se bañaron para “orinarle la playa a los aristócratas limeños”. Hidalgo tuvo una vida signada de muchísimas anécdotas, algunas de ellas sabrosas, como esta que cuenta el mismo Corcuera en una entrevista: “Había unos choques enormes (con los apristas), sobre todo con Alberto Hidalgo. Una vez, él llegó a dar un recital en San Marcos y se armó la “trompeadera”. Estábamos Alejandro Romualdo, César Calvo, Tomás Escajadillo y yo. Imagínese esa fuerza de choque, ¡de lo más frágil! Pero hubo un gesto de Alberto Valencia, que en esa época comandaba a los apristas y que siempre recordaremos. Él decía: ‘A los poetas los respetan', pero a Hidalgo lo odiaban porque era provocador, había escrito cosas horribles contra Haya; entonces, los apristas empezaron a gritar: ‘¡Abajo los traidores! ¡Abajo los traidores!’. Y él, desde la baranda, dijo, ‘efectivamente, abajo están los traidores’. Ahí le empezaron a tirar huevos podridos, que le cayeron a Gustavo Valcárcel, quien también estaba ahí. Un poco le salpicó a Hidalgo; entonces, Romualdo le dijo, ‘ahora eres Hidalgo de la mancha’ (ríe). Tuvimos que escapar por los techos”.

23.8.14

PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA MEDARDO ÁNGEL SILVA PARA LIBRO PUBLICADO

Convocatoria.

Gran iniciativa de la Municipalidad de Guayaquil, Fondo de Animal Editores y Casa de las Iguanas. Puedes ver las bases para el Premio Internacional de Poesía Medardo Ángel Silva en este enlace.

18.7.14

GANADORAS DEL CONCURSO DE POESÍA SCRIPTURA EN LA FIL


También se realizará el lanzamiento, a nivel nacional, de la convocatoria para el V Concurso de Poesía Scriptura.


Desde hace cuatro años, la Comisión de Escritoras del PEN Internacional del Perú, conjuntamente con el Centro Cultural de España (CCE), organiza el Concurso de Poesía de Mujeres Scriptura, certamen que convoca a todas las mujeres peruanas que escriben poesía, a nivel nacional.

Para promover la escritura de las mujeres, la Comisión de Escritoras del PEN Internacional del Perú ha organizado el Recital “La poesía nos une”, donde participarán las ganadoras de las anteriores ediciones del concurso. La cita es el sábado 19 de julio, a las 8:15 p. m., en la Sala Ciro Alegría de la 19° Feria Internacional del Libro (Parque de los Próceres, Jesús María). Además de la lectura poética de Carmen Valdivia, Gloria Portugal, Ida Luz Solís y Rebeca Urbina (ganadoras de las versiones I, II, III y IV de Scriptura, respectivamente), se realizará el lanzamiento, a nivel nacional, de la convocatoria para el V Concurso de Poesía Scriptura.

Cabe destacar que la Comisión de Escritoras del PEN Internacional del Perú es una institución que agrupa a escritoras, ensayistas, poetas e historiadoras peruanas. Su función principal es promover las obras escritas por mujeres peruanas y organizar actividades que busquen informarlas y vincularlas entre sí.

2.7.14

EL GRAN RETORNO DE RAÚL BROZOVICH

Extraordinaria edición de inéditos del cusqueño Brozovich.

RAÚL BROZOVICH, UN POETA MÍTICO. EN EDITORIAL AUQUI

Vladimir Herrera

Decir de un poeta que es mítico lleva rápido a la imaginación por unos fueros insospechados. Porque evocamos al mismo tiempo la presencia y la ausencia de aquel que nos legara un ramo de poemas, una voz nítida, una presencia querida por quienes lo tuvimos cerca.

Los Poemas Encontrados que ahora publica Editorial Auqui son los que el mismo Raúl Brozovich nos dejó envueltos en papel de estraza y escritos a mano, foliados como si fuesen un expediente judicial, corregidos a pluma batiente. Estamos seguros que al gran capitán, como le decíamos sus amigos en Cusco, le hubiera agradado tener este libro entre sus manos, en una cuidada edición que además de ser un homenaje a su poesía da cumplido sentimiento a su imagen y semejanza de poeta.

Raúl Brozovich no sólo condujo a Pablo Neruda a Machupicchu. No sólo comía helados con Jack Kerouac en la plaza de armas del Cusco. Fue candidato a diputado por el Partido Comunista y se burlaba de los feligreses desde la torre más alta de la catedral. Fue, es, el más alto poeta que ha dado la anchura de esta tierra cusqueña. V. H.

16.3.14

MARIO VARGAS LLOSA Y GEORGETTE PHILIPPART DE VALLEJO

Mario Vargas LLosa al lado de la viuda de César Vallejo.

Mario Vargas Llosa: El pez en el agua, 1993

…André Coyné tradujo «El desafío» al francés, pero fue Georgette Vallejo la que revisó y pulió la traducción, trabajando conmigo. Yo conocía a la viuda de César Vallejo porque iba con frecuencia a visitar a Porras, pero sólo en esos días, ayudándola en la traducción, en su departamento de la calle Dos de Mayo, nos hicimos amigos. Podía ser una persona fascinante, cuando contaba anécdotas de escritores famosos que había conocido, aunque ellas estaban siempre lastradas de una pasión recóndita. Todos los estudiosos vallejianos solían convertirse en sus enemigos mortales. Los detestaba, como si por acercarse a Vallejo le quitaran algo. Era menuda y filiforme como un faquir y de carácter temible. En una célebre conferencia en San Marcos, en la que el delicado poeta Gerardo Diego contó bromeando que Vallejo se había muerto debiéndole unas pesetas, la sombra de la ilustre viuda se irguió en el auditorio y volaron monedas sobre el público, en dirección al conferencista, a la vez que atronaba el aire la exclamación: «¡Vallejo siempre pagaba sus deudas, miserable!» Neruda, que la detestaba como ella a él, juraba que Vallejo tenía tanto miedo a Georgette que se escapaba por los techos o las ventanas de su departamento de París para estar a solas con sus amigos. Georgette vivía entonces muy pobremente, dando clases privadas de francés, y cultivaba sus neurosis sin el menor embarazo. Ponía cucharaditas de azúcar a las hormigas de su casa, no se quitaba jamás el turbante negro con que siempre la vi, se compadecía con acentos dramáticos de los patos que decapitaban en un restaurante chino vecino a su edificio y se peleaba a muerte —con durísimas cartas públicas— con todos los editores que habían publicado o pretendían publicar la poesía de Vallejo. Vivía con una frugalidad extrema y recuerdo que, una vez, a Julia y a mí, que la invitamos a almorzar a La Pizzería de la Diagonal, nos riñó, con lágrimas en los ojos, por haber dejado comida en el plato habiendo tantos hambrientos en el mundo. Al mismo tiempo que intemperante, era generosa: se desvivía por ayudar a los poetas comunistas con problemas económicos o políticos a los que, a veces, en tiempos de persecución, ocultaba en su casa. La amistad con ella era dificilísima, como atravesar un campo de brasas ardientes, pues la cosa más nimia e inesperada podía ofenderla y desencadenar sus iras. Pese a ello, se hizo muy amiga nuestra y solíamos buscarla, llevarla a la casa y sacarla algunos sábados. Luego, cuando me fui a vivir a Europa, me hacía encargos —que le cobrara algunos derechos, que le enviara algunas medicinas homeopáticas de una farmacia del Carrefour de l'Odéon, de la que era cliente desde joven— hasta que, por uno de estos mandados, tuvimos también un pleito epistolar. Y, aunque nos reconciliamos después, ya no volvimos a vernos mucho. La última vez que hablé con ella, en la librería Mejía Baca, poco antes de que se iniciara esa terrible etapa final de su vida, que la tendría años hecha un vegetal en una clínica, le pregunté cómo le iba: «¿Cómo le puede ir a una en este país donde la gente es cada día más mala, más fea y más bruta?», me contestó, refregando las erres con delectación…


* Tomado de la página de Facebook en homenaje a César Vallejo.

2.3.14

DE PASEO POR EL MUNDO DE UN ZÁNGANO

Los quehaceres de un zángano de Fernando Morote.

DE PASEO POR EL MUNDO DE UN ZÁNGANO


Transitando por el Jirón Camaná encontré un ejemplar completamente nuevo de Los quehaceres de un zángano (Bizarro editores, 2008) de Fernando Morote. Debo confesar que desconocía el título; sin embargo, el nombre del autor me resultaba familiar. No me equivoqué en mi sospecha. Sí, era el mismo personaje que se comunicaba conmigo a través de Internet y me solicitaba libros de autores peruanos reconocidos como por ejemplo: Oswaldo Reynoso, Enrique Congrains, Sebastián Salazar Bondy, etc. Mi oficio de librero coincidió con este escritor peruano radicado en Estados Unidos del cual desconocía totalmente. Era el año 2008 y mis preocupaciones literarias se enfrascaban en aprobar los cursos de teoría literaria; el libro de Morote-en esa época -había pasado totalmente desapercibido para mí.

Las primeras líneas de la obra me divirtieron notablemente; personajes de los que intuía su identidad, escenarios por donde transito diariamente, pequeñas historias dentro de la historia principal, un humor negro caracterizado por la limpieza de la prosa, elementos propios de los noventas que aún se mantenían en mis recuerdos y que poco a poco empezaban a tomar forma, posicionarse y aflorar nuevamente. Sin duda, todo ello, me dejó una satisfacción favorable. Aparte de esto, el texto está escrito con un lenguaje coloquial con el que sentí una rápida identificación. Entonces, surgió una idea: Hacer una reseña de esta novela que se veía prometedora y que había pasado desapercibida por la crítica literaria y por lo que hoy tal vez tenga mayor difusión: Las redes sociales.

Los quehaceres de un zángano se divide en dos partes: En la primera el autor refleja sus conflictos internos, hace un recorrido por sus años de infancia, nos muestra su transitar por algunas zonas burguesas de Lima. Existe alguna que otras muestras de embriaguez que terminan en alguna delegación policial y el posterior asedio de la Guardia Republicana. La busca de una identidad, el resentimiento familiar, la lucha por superar la dependencia a las drogas, el haber logrado ciertos triunfos personales; poco o nada importan para el personaje, pero sí a su familia. Deambular por algunas playas del sur plagado de pederastas, ser confundido con un senderista por llevar un libro de Mariátegui y por apellidarse igual que el número dos de Sendero Luminoso, acudir a centros de rehabilitación en donde es víctima de los peores insultos. Todo esto recrea un ambiente decadentista, pero a la vez interesante a fin de entender cómo se proyecta la realidad limeña burguesa de fines de los ochentas y mediados de los noventas.

Federico Barrionuevo es un hombre de mediana edad que empieza a hacer un recorrido de su vida; desde sus años de infancia hasta el año de 1996, el transcurrir de este señor está marcado por el alcohol, la carrera de Derecho en la UNFV y un tremendo rencor a medio mundo. El espíritu literario de nuestro héroe se ve reflejado en los años de la guerra interna y del primer gobierno de Fujimori; una novia radicada en Chile por la que se desvive y el deseo de superación personal reflejado en vencer sus antiguos vicios. En medio de estos conflictos logra desempeñar diversos trabajos como vendedor de carteras, estibador o funcionario de un banco .Su desencanto ante la vida es notoria, él sólo quiere ser escritor y subsistir en base a un trabajo relajado, excento de presiones y responsabilidades.

Dentro de este dentro de este deambular conoce a personajes entrañables de nuestro quehacer literario y cultural propio de los noventas y algunos que todavía están presentes. Podemos encontrar referencias a autores y editores desaparecidos como César Calvo, Julio Ramón Ribeyro, Antonio Cisneros, Reynaldo Naranjo, Jaime Campodónico. Los centros nocturnos de Lima-de aquella época-matizan el escenario narrativo y son de importancia referencial; la presencia de lugares como “Tutu Café” de La Molina, el local de la ANEA en el centro de Lima, “La huerta de los libertadores” de Jesús María; El Juanito, El Piselli, La Noche y El Ekeko de Barranco, etc. El reflejo burgués decadentista, la multiplicidad de escenarios, el elemento temático y la prosa de Morote hacen que el libro sea una vuelta entrañable a los años noventas.

La segunda parte de la novela es de tendencia personal y hasta tiene ciertos elementos de tipo confesionario. Existe un conjunto de cartas destinadas a un amor radicado en Chile, y un diario que muestra sus páginas de manera desvergonzada. Al leer esta segunda parte del libro se me vino a la mente la figura de dos monstruos de la literatura universal: El primero es Joyce cuando enviaba esas cartas tan íntimas a su esposa; cartas dotadas de una gran de una gran carga sexual, pero también de un profundo amor hacia ella. La segunda referencia va en relación este personaje creado por Nabokov —llamado Humbert Humbert—, en el que mediante un íntimo diario expone parte de sus revelaciones sexuales, miedos, conflictos, e insatisfacciones.

Los logros de la novela se enmarcan en la técnica utiliza a manera de collage, el humor frente a lo absurdo y lo caótico, la limpieza de la prosa y el estilo depurado hacen de la lectura un momento agradable; estos aspectos se pueden apreciar en lo que tal vez sean los pasajes mejor logrados: La erótica historia de Mamerto González y De paseo por el mundo de Kafka. Lo que se puede criticar al texto es la presencia de algunos lugares comunes, cierto desorden que aparece en la estructura de la primera parte, y que por momentos pareciera más un libro de índole personal que literario. Al margen de ello, la calidad de Morote está presente y visualiza el futuro de un narrador sin tapujos ni convenciones formales. De aquel tipo de narradores que son pocos, pero que quedan en nuestro presente y que sin duda nos divierten, sorprenden y agilizan el gusto por lo subversivo en la literatura.

Rubén Javier
Lima, 27 de febrero del 2014


*Librero, director de Librería Rashomon, bachiller en literatura peruana y latinoamericana por la Universidad de San Marcos.

25.2.14

“CHICO, TIENES QUE EXPLAYARTE”, UN PAR DE APUNTES IMPERTINENTES

Lima se prepara para celebrar a fines de marzo el cumpleaños número 78 de MVLL con una recargada
agenda cultural... en Arequipa no podremos participar ni por TV... ¿Youtube quizá?

CHICO, TIENES QUE EXPLAYARTE”, UN PAR DE APUNTES IMPERTINENTES


Por Orlando Mazeyra Guillén


Pero inmediatamente vino la enfermera, puede pasar usted.
Levántate la camisa, respira hondo y dime "treinta y tres".
Tú fumas bastante, dime si me equivoco
¿Pero qué te pasa, te estás volviendo loco?
Chico, tienes que cuidarte, ¿cuánto crees que durarás así?
¿Cuánto crees que tu organismo podrá resistir?

HOMBRES G, Chico tienes que cuidarte

UNO

Julia Barreda, Directora Regional de Cultura, organizó en Mollendo un evento “cultural” casi clandestino llamado “Explayarte 2014”, donde, tengo entendido, no han participado los editores (ni mucho menos los autores) de las más importantes editoriales de Arequipa como Cascahuesos Editores y La Travesía Editora. ¿Por qué mantener al margen de tal actividad a todos los poetas y narradores locales? Estos mamarrachos se llevan a cabo con el dinero de todos. Y todos —sobre todo los escritores locales— nos quedamos callados.

Un silencio cómplice.

Lo mismo ocurrió en Camaná el año pasado.

DOS

Por otro lado, el día viernes 21 de febrero se le realizó un homenaje al doctor Eusebio Quiroz Paz Soldán en la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa. A propósito de esto, recuerdo que cuando Mario Vargas Llosa decidió, en marzo del año 2012, donar, progresivamente, su voluminosa e invalorable biblioteca personal me contacté con escritores, periodistas, historiadores e intelectuales locales y nacionales para pedirles su opinión. Entre ellos, consideré a Oswaldo Reynoso, Juan Guillermo Carpio Muñoz, Jorge Bedregal, Jorge Coaguila, Carlos Calderón Fajardo, Willard Díaz y, por último, a Quiroz Paz Soldán, quien, prefirió no identificarse, es decir, dar su opinión como un NN.

El historiador me dijo en aquella ocasión: «vivimos en una ciudad donde la cultura no le importa a nadie». Quiroz, a manera de ejemplo, me señaló con bastante desazón que la galería de arequipeños ilustres está en el suelo. «¿Dónde están los libros que Alberto Hidalgo le donó a la Biblioteca Municipal? ¿Dónde están? ¡La realidad como es! No podemos reventar cohetes cuando sabemos que no se cuenta con los medios adecuados para que esto funcione».

Quiroz Paz Soldán aclaró que nadie pone en duda la importancia de la donación del Premio Nobel, pero que, actualmente, ni siquiera hay especialistas calificados en bibliotecología. También aprovechó para poner como ejemplo clamoroso el Archivo Regional de la calle Mayta Cápac, en IV Centenario y, así, alertarnos de lo que puede pero, de ninguna manera, debe suceder.

—¿Qué piensa hacer usted con su biblioteca personal? —le pregunté.

—Quiero venderla.

—¿Quizá al Gobierno Regional?

—En Arequipa la cultura no le interesa a nadie —apostilló desalentado.

Cuando le pregunté por qué no quería que apareciera su nombre en mi artículo me dio argumentos pueriles como “no quiero tener problemas con el Gobierno Regional” o “prefiero mantenerme al margen… pero investigue, usted… averigüe”.

—Eso es lo que intento hacer.

—No ponga mi nombre.

Le recordé a Manuel González Prada

—Doctor, ¡hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

—González Prada no se refería a eso —me refutó.

—Se refería a todo, doctor —le dije recordando que mis apuntes o reclamos son deleznables, pues no soy más que un escribidor borrachín, pusilánime [y otras miserias] que muchas veces ha comentado en la siempre incandescente blogósfera peruana escudado en el anonimato, ocultándome, si me permiten el vergonzoso eufemismo, para “evitarme problemas” como el doctor Quiroz.

Entonces, se preguntará el desconfiado lector, ¿con qué autoridad lo critico? Con ninguna, por supuesto. No obstante, de una vez por todas, hay que dejar de cagarse en los pantalones y firmar lo que uno piensa.

Por eso insisto: González Prada se refería a todo. Recordemos que Artequipa organizó de manera exitosa un premio de novela corta en homenaje a Vargas Llosa (lo ganó el destacado escritor limeño Pedro Novoa). La donación de su biblioteca personal demostraba que el autor de La Casa Verde deseaba convertir a su ciudad natal en una importante plaza cultural pero, al parecer, encontró un terreno yermo, estéril a más no poder.

Por eso la Cátedra Vargas Llosa ha decidido realizar la  premiación de la flamante Bienal de Novela Vargas Llosa, ya no en Arequipa, sino en Lima. ¡Dejamos pasar una oportunidad de oro!

A fines de marzo, durante la semana en la que el Nobel cumplirá 78 años, visitarán Lima escritores de la talla de los españoles Javier Cercas y Rosa Montero, los colombianos Héctor Abad Faciolince y Alberto Salcedo Ramos, la argentina Leila Guerriero, entre otros. Habrá charlas, conferencias y, por último, se dará a conocer la novela ganadora. El premio, por supuesto, lo entregará Vargas Llosa el día de su cumpleaños.

Todo esto pudo ocurrir en Arequipa, sin embargo nuestras autoridades, empezando, desde luego, por el florón de la corona, Juan Manuel Guillén Benavides, hicieron todo lo posible para que no ocurriera. Una lástima. Una lágrima. Mejor dos. Van tres… ¿Mejor una chelita, manito? Claro, destápala de una vez y no te olvides de que siempre nos quedará Explayarte… ¿Explayarte? Van cuatro, cinco, seis lágrimas, ¡mejor chelas!, ad infinitum. El Perú jodido, Arequipa jodida, ¿qué hacemos, Zavalita?

¿Y cómo van las cosas con los libros que ya empezó a donar Vargas Llosa? El abril habrá un evento especial y, en verdad, esperamos que esta vez el Gobierno Regional esté a la altura de las circunstancias… no vaya a ser que —por falta de garantías, como dicen los árbitros cuando interrumpen o dan por terminado un partido de fútbol— los libros de Mario Vargas Llosa terminen anclando en Lima.

A manera de advertencia les dejo los comentarios, consejos y recomendaciones que anoté hace un par de años. Vale la pena leerlos y, sobre todo, tomarlos en cuenta. Pues, como me dijo Willard Díaz, la biblioteca de Vargas Llosa es una joya y, sin lugar a dudas, necesita de un buen joyero. Pregunta es obvia: ¿lo tenemos?

OSWALDO REYNOSO

«Donar a su ciudad natal  una biblioteca personal  que se ha ido construyendo, libro a libro, durante toda una vida demuestra dos cosas: Mario Vargas Llosa ama y respeta profundamente a Arequipa; y expresa el profundo desprendimiento y habla de las verdaderas huellas que formaron e estimularon su gran talento de novelista. Como arequipeño lo único que tengo que decirle es: ¡gracias, gracias, gracias!»

JUAN GUILLERMO CARPIO MUÑOZ: «SERÁ LA MEJOR DE AREQUIPA»

Según el historiador Juan Guillermo Carpio Muñoz es un obsequio de la «máxima importancia», y «la significación sentimental del gesto» para con su ciudad natal demuestra el cariño que guarda por Arequipa, y también hay que valorar «el desprendimiento económico» del novelista. También resalta que, en lo referente a  la literatura en habla hispana, la biblioteca de Mario Vargas Llosa en Arequipa podría pasar a convertirse no sólo en la mejor de Arequipa sino del Perú y de las mejores bibliotecas de autor de Latinoamérica.

JORGE BEDREGAL: «UNA BIBLIOTECA ES UN ARTEFACTO COMPLEJO  Y DELICADO»

«En primer lugar, las autoridades por lo general (no siempre) tienen una idea absolutamente anacrónica de la cultura, hacen un canto unilateral a lo libresco, académico y al buen gusto. Es decir, saben que el libro y por tanto la biblioteca, son importantes y claves, pero creen que basta con tenerlo. Temo que en el caso de Mario Vargas Llosa sea precisamente eso lo que se termine manifestando. Una biblioteca, y más una personal, es un artefacto complejo y delicado que es necesario administrar con todo cuidado; en el caso de Mario, es seguramente la biblioteca más completa e importante de literatura hispanoamericana y necesita conservar su unidad y el sentido que Mario le dio. Sin embargo, no creo que las autoridades actuales estén en capacidad de entender eso».

Y, en mi diálogo con el destacado sociólogo e historiador arequipeño, aprovecho para recalcar que muchos de sus libros vienen con sus anotaciones, cosas muy personales, que nos abrirán las puertas del mundo íntimo del escritor (anotaciones, dedicatorias, fobias, manías, pasiones, calificaciones a los libros, etcétera). Sería, pues, propicio utilizar la futura biblioteca como medio de interacción cultural con los estudiosos de la obra del premio Nobel de todo el mundo: «Esa creo es la verdadera intención de Mario —resalta Jorge Bedregal—, y si eso no lo ve la autoridad, demostrará su miopía en tema de cultura que ya es patológica».

JORGE COAGUILA: «DAR EL DEBIDO CUIDADO A LOS LIBROS»

El periodista y escritor Jorge Coaguila es un experto en la obra de Mario Vargas Llosa y ha publicado diversos libros con entrevistas escogidas al Premio Nobel. Él entiende que «lo que más debe preocupar es que los libros no sean bien utilizados.  Que los libros se maltraten y que no tengan el cuidado que merecen, pues muchos de estos tienen anotaciones que podrían ser útiles para cualquier investigador. Recuerdo que en la década de los noventa algunos criticaron que Vargas Llosa obtuviera la doble nacionalidad. Un general adepto a Fujimori lo tildó de traidor a la patria.  Ahora se ve quiénes fueron los desleales. Es un lindo el gesto de Mario Vargas Llosa, quien no retrata a su ciudad natal en su obra, excepto en algunas páginas en Conversación en La Catedral. Piura (escenario de su siguiente novela), la selva y Lima aparecen con mayor presencia, pero esto indica que Arequipa siempre estuvo presente en él».
Hay que acotar, y tal como lo señalamos en un artículo aparecido en el diario El Pueblo el día lunes 26 de marzo de 2012, que Vargas Llosa también dedica sus buenas páginas a Arequipa en la novela El paraíso en la otra esquina y, cómo no, en sus memorias El pez en el agua.

CARLOS CALDERÓN FAJARDO: GARANTIZAR UNA BIBLIOTECA VIVA.

«Es una noticia formidable para Arequipa. Ojalá que se organice un buen servicio para lo que se necesita de buenos bibliotecarios. Y creo que debe ser un centro de presentaciones de libros, de conferencias, de intensa actividad literaria. Se debe invertir para que la biblioteca tenga una buena sala con todos los equipos necesarios que garanticen una biblioteca viva», opina el escritor Carlos Calderón Fajardo (Juliaca, 1946), autor de una profusa obra narrativa. Él recuerda muy bien que el primer libro que leyó del Premio Nobel arequipeño fue precisamente su primera novela, La ciudad y los perros: «Fue un terremoto literario, y nos cambió para siempre a los escritores jóvenes: nos enseñó a ser modernos, a afrontar los retos de la novela moderna».

WILLARD DÍAZ: ES UNA JOYA Y NECESITA DE UN BUEN JOYERO

El narrador Willard Díaz Cobarrubias, autor del libro de cuentos Diario del retorno, no olvida que Mario Vargas Llosa indicó que la nacionalidad es una casualidad sin importancia en la vida. Sin embargo opina que es una noticia maravillosa: «La biblioteca de Vargas Llosa es una joya y necesita de un buen joyero, de gente que le dé un buen cuidado y no tenemos en Arequipa expertos en bibliotecología». También aprovechó para recordar que hay actualmente en la Ciudad Blanca bibliotecas personales muy estimables como la del ex alcalde José Villalobos Ampuero, la biblioteca del fallecido escritor Edgar Guzmán Jorquera, que ahora está en manos de su viuda, la doctora Teresa Arrieta.

Advertidos estamos.

¿Jodidos también?

15.2.14

CONCURSO NACIONAL DE ENSAYO “VALLEJO, SIEMPRE”

Concurso nacional de ensajo "Vallejo, siempre".

CONVOCATORIA

En el marco del Congreso Internacional “Vallejo, Siempre”, que se realizará en las ciudades de Lima y Trujillo entre el 20 y el 25 de octubre de 2014, la Academia Peruana de la Lengua, la Asamblea Nacional de Rectores, la Universidad Nacional de Trujillo, la Universidad Ricardo Palma, el Instituto de Investigaciones Humanísticas de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y el Instituto Riva-Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú convocan a la comunidad académica al Concurso Nacional de Ensayo Vallejo, Siempre.

Bases

1. Podrán participar todos los peruanos sin excepción, siempre que el ensayo esté escrito en español. Asimismo, solo participarán los ensayos que no se hayan presentado con anterioridad a otro premio, concurso nacional o internacional cuyo fallo esté pendiente.

2. El ensayo debe tener, como centro de reflexión, el estudio de la producción literaria de nuestro gran poeta César Vallejo.

3. El ensayo debe ser inédito. La extensión mínima será de cien páginas, y debe presentarse digitado por una sola cara, en papel A4, con un interlineado de espacio y medio, y letra Times New Roman tamaño 12.

4. Los participantes deben utilizar un seudónimo.

5. El ensayo se presentará en soporte electrónico —disco compacto (CD), con el archivo en el programa Microsoft Word— y en papel —tres ejemplares debidamente numerados en el extremo inferior y anillados o «espiralados»—. Cada ejemplar impreso deberá contar con una carátula en la que se consignará el título del ensayo y el seudónimo del participante. En el caso del soporte electrónico, se debe colocar el título del ensayo y el seudónimo del participante con un plumón indeleble. Asimismo, el disco compacto y los ejemplares impresos deberán estar acompañados por un sobre tamaño carta cerrado en cuyo exterior se consigne también el correspondiente nombre del ensayo y seudónimo, y en el interior los nombres y apellidos del autor, número de documento de identidad, lugar de nacimiento, domicilio, correo electrónico, teléfono y resumen biográfico.

6. El soporte electrónico —con el archivo del ensayo—, los tres ejemplares impresos del ensayo y el sobre tamaño carta con los datos y el resumen biográfico del participante deberán guardarse en un sobre manila de tamaño oficio. Este deberá presentarse o remitirse por correo postal a la siguiente dirección:

Señores: Universidad Ricardo Palma Concurso Nacional de Ensayo Vallejo, Siempre Dirección: Av. Benavides 5440, Lima 33.

La recepción de los ensayos se realizará en Mesa de Partes, en el horario de 9:00 a. m. a 3:00 p. m., desde el 15 de marzo hasta el 23 de junio de 2014.

7. El resultado del concurso, así como la composición del jurado calificador, serán dados a conocer el 15 de agosto en un diario de circulación nacional.

8. El jurado calificador estará integrado por tres docentes de las siguientes instituciones: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Pontificia Universidad Católica del Perú y Universidad Ricardo Palma. El fallo del jurado calificador será inapelable.

9. El premio será único e indivisible. Al primer puesto se le otorgará la suma de diez mil nuevos soles (S/.10 000,00), más la publicación del ensayo.

10. El ensayo ganador —luego de que se adecúe al formato libro— será publicado por el Fondo Editorial de la Universidad Ricardo Palma, que se reserva los derechos de la primera edición por un período de tres años. Salvo esta reserva, los derechos de autor pertenecen totalmente al premiado.

11. Finalizado el concurso, los trabajos que no resultaran ganadores serán destruidos.

12. La participación en este concurso implica la aceptación de las bases.

13. Cualquier caso no previsto en las presentes bases se resolverá bajo el criterio del jurado calificador y los organizadores.

CRONOGRAMA:

Convocatoria: del 23 de diciembre de 2013 al 23 de junio de 2014. Fecha final de inscripción: 23 de junio de 2014.
Evaluación del jurado: del 25 de junio hasta el 7 de agosto de 2014. Publicación de los resultados: 15 de agosto de 2014.
Ceremonia de reconocimiento y presentación del libro: 23 de octubre de 2014.


Lima, enero de 2014

2.2.14

EL BORDADO ORIGINAL DE CARRIÓN

Verbo (bordado original), reciente poemario del poeta ecuatoriano Ernesto Carrión.

Por Marcelo Báez Meza

Verbo (bordado original), recientemente publicado por Cascahuesos Editores de Perú y Rastro de la Iguana de Ecuador, es la reconfirmación de Ernesto Carrión como una de la voces poéticas referenciales en la lírica hispanoamericana.

Organizar toda la saga del poeta guayaquileño es una tarea compleja. Una pléyade de títulos son organizados bajo diversos rótulos. Hay un orden. Hay una intención de polígrafo de incluir cada título en un todo cohesivo.

Para entender mejor todo esto hay que coger con pinzas a 18 Scorpii, volumen final de la trilogía «» (símbolo matemático de vacío) que es el título globalizador de la ambiciosa saga de Carrión, conjunto que una vez concluido implicará que el poeta deje de escribir lírica (así lo ha declarado en algunas entrevistas). Este 18 Scorpii contiene al libro Verbo (bordado original) que en la secuencia de la saga «» viene después de Novela de Dios, recientemente publicado por La Caída Editorial de Argentina, poemario presentado en Montevideo, Quito y Guayaquil. Es importante esta referencia para facilitar el ingreso al lector, ya que aunque cada libro del volumen 18 Scorpii funciona igualmente por separado, dentro de la obra tiene un sentido orgánico que debe tratarse.

Planteadas las cosas, el libro Verbo (bordado original), inicia donde terminó Novela de Dios, con el texto “Ser (diagnóstico del verbo)”, donde se cuestiona al verbo como el instrumento organizador de la vida humana.

En este nuevo libro, el Verbo (el vocablo que indica el ser y el quehacer en el mundo) será puesto a prueba desde el comienzo. El autor lo agitará de tal forma demostrando que lo que persigue es que el verbo no haga lo que supuestamente debe hacer dentro de una oración (indicar acción y movimiento). El verbo no podrá entonces ejecutar el poema, quedando reducido a la intención de la voz que es quien ordena todo a su absoluta libertad o en busca de una absoluta libertad contra el mismo verbo. Igualmente los adjetivos, y los sustantivos se arremolinan dentro de lo que viene a ser un canto furtivo y escurridizo hacia los bordes de lo sensorial y llevándonos a despertar sobre una forma diferente de realidad.

Adentrémonos un poco en la estructura del libro. Está dividido en tres secciones. La primera titulada “El tigre nadador”, ubica de un modo narrativo los espacios del Paraíso, Infierno, 18 Scorpii, Purgatorio y El tercer cielo. Aparece la familia como eje organizador, el amor, los hijos, la amistad, el perdón y un nuevo posible planeta llamado 18 Scorpii que parecería ser una ola enorme. El título "El tigre nadador", alude a esa necesidad de agitar el verbo al libre albedrío de la voz poética dejándolo nadar, sumergirse y emerger por todas partes haciendo y no haciendo lo que debería hacer dentro de cualquier estructura gramaticalmente correcta. El segundo bloque de este libro, titulado “K.O.” es un knockout al verbo en el que la voz intenta, en un entramado de siete poemas, no utilizar un solo verbo, hazaña que recuerda a los grandes experimentos linguísticos del escritor francés Georges Perec.

El tercer bloque “La vida entera” da cuenta de la reconstrucción del presente a través de la palabra poética. Siete viñetas donde el hablante lírico recorre su pasado pero lo modifica a través del poema para así modificar (como si se tratara de un personaje novelesco) su propio presente alejándolo de aquellas situaciones que desembocaron en momentos existenciales dolorosos. El hablante viaja hacia el pasado de la mano del poema (se usa el flashback), y reconstruye su vida hacia delante (se recurre al flashforward).

La clave de Bordado original (Verbo) está quizá en el epígrafe del filme Bestias del sur salvaje que se consigna al principio: “Todos pierden aquello que los hizo”. No es gratuita la alusión a una película donde prima lo posthumano en el drama de una comunidad afroamericana que vive más allá del rio y entre los árboles. Ambos textos (filme y poemario) defienden el poder de la imaginación para defenderse de la catástrofe, ambos textos erigen al verbo como bordador de supra realidades. Como bien apunta Roger Santiváñez, Carrión “va más allá —incluso de los enjambres posmodernos— colocándose en una suerte de posthumanismo”.


Estamos, en conclusión, ante un conjunto de prosas poéticas que prefiguran a un narrador contenido y que ya anuncian que es hora de cambiar de género. Carrión está descubriendo que hay temas que piden otra estructura, otro formato que puede ser la narrativa breve o de largo aliento. Bordado original es una puntada más en la gran urdimbre de su inagotable poesía.

14.1.14

“GRITOS” DE JUAN CRISTÓBAL POR SEGISFREDO LUZA.

Gritos, el nuevo poemario de Juan Cristóbal.

*Nota aclaratoria de Juan Cristóbal: En 1968 comencé un libro titulado “Las cuevas”, en la cárcel de Lurigancho. Lo terminé en 1969. En ese mismo lugar estaba detenido el psiquiatra Segisfredo Luza, con el cual hicimos amistad. Al terminar el libro, a mediados del 69, le pedí un Prólogo, el cual lo hizo pero referido a “Las cuevas”. Después de 44 años publiqué ese texto, pero reestructurado, tanto en su forma física como temática, con el nombre de “Gritos” (2013). Lo que presento aquí son partes del Prólogo que tienen que ver con las ideas generales y esenciales del texto. Por ser de importancia para mí y para la comprensión de la obra, lo publico de la forma que indico.


“GRITOS”
Por Segisfredo Luza.


Toda crítica no es sino una máquina de convertir lo original a lo banal. Si nos interrogamos sobre el lenguaje, tendríamos que remitirnos a la lingüística y al psicoanálisis y esto es insuficiente porque al final de cuentas toparíamos con una concepción elaborada del hombre. Una filosofía total del ser humano depositada históricamente en el lenguaje cotidiano. Si renunciamos a analizar “nuestra bella lengua” y tratamos de captar lo subjetivo, estaríamos detenidos en el siglo XIX cuando la estética se dedicó a tratar el arte como actividad interior, dejando de lado el examen profundo y directo de la obra. Nicolai Hartmann pidió un cambio del pensamiento estético y por consiguiente de la crítica. Ya Víctor Hugo creía haber hecho la revolución al querer “poner un bonete rojo a los viejos diccionarios”. Y efectivamente este cambio ha sido la apertura de la literatura moderna, a través de Rimbaud, Mallarmé, Proust, Bretón, sin hablar de Becket, Ionesco, Genet, Joyce y Robbe-Grillet. Ellos han introducido el absurdo; el orden dentro del desorden. ¿Y la crítica? ¿Es posible desentrañar, indagar, las estructuras internas del acto creador sin atentar contra la obra misma? ¿Lo absurdo, lo deshilvanado, lo simbólico, tiene un sistema y una fenomenología?

No es este el instante de elaborar una metodología de la crítica, ni de estudiar las posibilidades de una fenomenología de la poesía moderna, ni del absurdo. Simplemente digamos que toda crítica es “una apuesta fatal” porque propone una evidencia, una hipótesis parcializada del problema del autor y en esta apuesta el crítico está introduciendo una ecuación personal en el sentido de Pascual. Y así nos coloca frente a un círculo vicioso. Una ronda infernal en la que no hay concordancia entre la significación de la obra y la objetividad de la misma.

Prescindamos, pues, de toda crítica y limitémonos a leer la obra sin introducir puntos de vista. Digamos que lo implícito está contenido en lo explícito. El genio del autor no es otra cosa que la presencia de su ser en la obra y a él nos acercaremos leyéndolo, del mismo modo que el oyente frente a la música. La partitura es distinta a la ejecución de la obra. Y el goce es una experiencia sin palabras. Ella habla de nosotros. Así para acercarnos a esta obra leámosla y tratemos de experimentar sin intención alguna, lo que surja en nosotros mismos. Si es asco o emoción; si alegría o tristeza; si aburrimiento o inquietud; si añoramos nuestro pasado ancestral o creemos haber descubierto el sentido de la vida. Todo ello es la obra. Luego la obra hablará en nuestra receptividad o impresionabilidad en forma impalpable. De pronto se anudará a nuestro interior según la índole de cada cual y objeto y sujeto será un todo inextricable.

Desde las primeras líneas lo caótico irrumpe en el discurso interior y no precisamente bordeando lo improbable sino revelando al hombre medular. Esta obra es un conjunto de piezas que habla del mundo de los impulsos primitivos, de las voces del silencio, del flujo sanguíneo, de todo aquello que en el hombre civilizado ha quedado sepultado bajo la razón y el concierto lógico. Empero, no se trata de un relato enajenado propio de los seres que han perdido la cordura y en quiénes el discurso ha perdido su línea directriz. Se trata de una liberación visceral que contiene la armonía de las formas ancestrales, de lo recóndito que asciende hasta lo sublime y que se expresa en la contradicción, en el contrapunto y en el ritmo oral que brota como una melodía inagotable de imágenes poéticas. Precisamente en esta prosa poemática reside su embrujo. Aquí no encontraremos un sistema de lectura…Desde el inicio ya estamos capturados por este resurgimiento vital que al entregarnos su intimidad está revelando la nuestra. Una especie de simbiosis, de amalgama expresiva, de comunicación sintética a través del retorno al acontecimiento primitivo.

Se ha dicho que el lenguaje es una forma de distanciamiento del ser. La expresión es a la vez opaca y transparente. El hombre se aliena al tratar de traducir sus vivencias en la palabra. El lenguaje perfecto equivale a la completa identidad del hombre y a la ruptura de los límites de la personalidad. Si el surrealismo plasmó las imágenes del ensueño y el acaecer subconsciente. Y si los expresionistas como Chagall pintaron un mundo onírico y sugestivo, Lautremont fue el maestro de lo horrible y cavernario. ¿En este texto hay una reminiscencia de todo esto? No lo sabemos. Sólo entrevemos un bullicio interior que no se deja capturar como una estructura que por pertenecer al hombre es una estructura inhallable.

Cuando leemos: “Maldito agujero congelado de pánico, has roto el horizonte de las calaveras derrotadas. Los cristales de espuma Los pequeños cangrejos de las alimentaciones orgánicas que tienen escasamente la cabeza corta. Has amputado las pinzas aprehensoras del miedo Sin embargo naces perfecta en la descendencia cultivada de los cielos impenetrables…”, la materia bruta, lo inorgánico, lo biológico, las vivencias, lo espiritual, lo telúrico, la realidad social, las especies vivientes, lo microscópico, lo sideral, es decir todo el complejo universal, se nos comienza a presentar como una cosmogonía antitética que habla por sí misma mediante las fuerzas que ascienden a la conciencia y que ingresan sin ser analizadas, ni enmascaradas, sino que nos penetran puras, como si ello significase inventar la creación: el hombre desnudo, conjunto explosivo que dentro de la inestabilidad dialéctica encuentra su razón de ser.

Y en este canto filogenético el hombre surge como expresión perfeccionada de lo viviente. Se enseñorea y trata de separarse de su origen desconociendo los impulsos que nos hermanan a los peces, a los invertebrados, al barro original. Pero resulta que este desprendimiento es generador de angustia, de desgarramiento, de lucha, de dicotomía entre la materia hecha cuerpo y el destino como alienación. Es el retorno del hombre a las fuentes primigenias, es un proceso inacabado, que procede de las vivencias elementales, de los impulsos ancestrales, de la vociferación, de la liberación, de la entrega al mundo; “un sacarse a sí mismo”, que se expresa poéticamente. Y para ello Juan Cristóbal se abandona al silencio y al retraimiento como queriendo beber de la imaginación y de la oquedad interior. Y así comienza a brotar su canto ininterrumpido que sin aliento ni pausa, se convierte en palabras enhebradas entre sí, explicándose unas con otras, como partes de un todo cuya coherencia se descubre en el canto mismo, en las letras que desfilan plenas de significado y en donde las mayúsculas y minúsculas son acordes plenos de fuerza y fugato o de adagio encantado.

En casi todos los poemas, que son expresiones poéticas de la misma coyuntura, aparece el hombre ancestral, enajenado y perdido en un mundo de formas vivientes, estremecido en su circuito vital, ángel caído, mono superior, pájaro y constelación, fuente y fin de todas sus culpas. Y en otros momentos el movimiento es devorador y alucinante; no da tregua, es caótico y se mueve como nebulosa naciente (…).


¿Y el tiempo? Dimensión real como la materia misma, cruel como la vida, implacable como la curva de los días, como el sueño y la vigilia. El tiempo que todo lo remite al pasado devorando el presente y donde el futuro sólo es proyecto insubstancial. El tiempo. En uno de los poemas sobre “Los meses”, marca el final de esta peregrinación del hombre a través de su trayectoria filogenética, despertando a la conciencia, viviendo en el tiempo y en los meses. Y no puede sino gritar y lanzar imprecaciones contra el calendario que acciona como hierro aprisionante. Ahí está la edad irrenunciable, la metamorfosis humana, los desvelos y frustraciones, los triunfos y desgarramientos y el sórdido mutismo de los dioses que no auxilian al hombre. Y en ese poema, al final exclama ¿Y el tiempo? Dimensión real como la materia misma, cruel como la vida, implacable como la curva de los días, como el sueño y la vigilia. El tiempo que todo lo remite al pasado devorando el presente y donde el futuro sólo es proyecto insubstancial. El tiempo. En uno de los poemas sobre “Los meses”, marca el final de esta peregrinación del hombre a través de su trayectoria filogenética, despertando a la conciencia, viviendo en el tiempo y en los meses. Y no puede sino gritar y lanzar imprecaciones contra el calendario que acciona como hierro aprisionante. Ahí está la edad irrenunciable, la metamorfosis humana, los desvelos y frustraciones, los triunfos y desgarramientos y el sórdido mutismo de los dioses que no auxilian al hombre, por eso exclama desafiante frente a lo irrenunciable, ante el destino que termina en la muerte; “Venid meses de hierro, aquí os espero, en el corredor aturdido de las noches separadas”, frase final de la trágica aceptación de vivir en el tiempo.
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